miércoles, 13 de junio de 2012

Setiembre de Luz y Sombra



Al son del silencio pasan mis días.
La roca es ahora arena, y el sol ha despertado mil veces.
La luna vive y muere.
Se renueva anhelando vernos un día cual raíz toca suelo.

Del mismo barro, con iguales manos, fuimos creados,
para un día formar un todo;
mas, hasta el momento que recorre la manecilla,
el tiempo no ha facilitado dicha reunión.
El destino existe; pero, llega cuando se le deja de buscar.
Es duro; pues, de mis pensamientos no escapas.
En mis entrañas hierven palomillas,
en un ardid incesable que no me deja dormir.

Es una áspera y seca lápida.
Y por más que luchen los labios, el secreto no concilia escapar.
Perece en su lecho de muerte,
quien antes fue su cuna.

Dichoso aquel que la encuentra, sin conflictos;
mas, nada es mejor apreciado que lo que se consigue luchando;
aunque, mi guerra no se puede luchar.
Tan sólo puedo esperar, ser paciente,
no perder la esperanza.

La tristeza es mutua; pues, el secreto nunca lo fue.
Caminos que se juntan y llevan al mismo lugar.
Ojos blindados, manos atadas, besos negados.
Nuestros labios se hablan,
se invitan a estar juntos;
mas, cuando la distancia desaparece,
el miedo y la culpa renacen.